Control social y resistencias en el mundo rural del desarrollismo

Cabezas Vega, L. (2026): "Control social y resistencias  en el mundo rural del desarrollismo", en en Molinero, C. (coord.), De la dictadura a la democracia, Madrid, CEPC, p. 413-438

Desde los primeros compases de la Guerra Civil, el bando franquista elevó el campo a depositario de la tradición y de los valores morales y patrióticos que, en oposición a una ciudad identificada como espacio de conflicto, desorden y subversión, debían orientar el porvenir de la nación. Este imaginario llevó incluso a reinterpretar la contienda como una lucha entre el campo y la ciudad1. La victoria del primero se presentaría, a partir de 1939, como la confirmación de la soberanía campesina, base de una «nueva España» pretendidamente «despolitizada» llamada a regenerar un país corrompido por las divisiones ideológicas y por un sistema democrático decadente. Esta supuesta «despolitización» se convirtió en un eje central del discurso franquista sobre el mundo rural. Como ha señalado Jesús Izquierdo, se impuso así la imagen del campesinado «como un reducto de homogeneidad social en la que reinaban los valores preclasistas y prepartidistas, los cuales debían ser reimpuestos en las ciudades